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domingo, 2 de abril de 2017

LOS DIAS Y LOS MESES

Tenemos tantas cosas heredadas de la cultura romana que nos sería imposible nombrarlas todas. Y es que los romanos fueron la base de toda la cultura europea. Un ejemplo de ello son los días de la semana y los meses de año. El origen de sus nombres es romano y es que, después de tantos siglos, la cultura del quizás imperio más luminoso de la historia, sigue bien vigente.

Los días de la semana

El origen de los nombres de la semana se basaba en los siete cuerpos celestes, que eran los únicos que se conocían: el Sol y la luna, y los planetas Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno. El nombre de la palabra semana hace referencia a este dato, ya que proviene de  “septimana” que significa “de siete”
  • Lunes – Luna
  • Martes – Marte
  • Miércoles – Mercurio
  • Jueves – Júpiter
  • Viernes – Venus
  • Sábado – Saturno
  • Domingo – Sol
En castellano, el sábado y el domingo cambiaron por influencia del sabbath judío y del día del señor (dominicus dies) respectivamente. Sien embargo, en el mundo anglosajón se han mantenido los referidos a los astros, Saturday y Sunday.

Los meses del año

El origen de nuestros actuales meses del año se encuentra en el antiguo calendario romano, que comenzaba en marzo.
  • Marzo – Martius, en homenaje a Marte, el dios de la guerra.
  • Abril – Aprlilis, “el que abre”, indicaba la época del año en que las plantas florecían.
  • Mayo – Maius, está asociado a Maya, la diosa de la primavera.
  • Junio – Iunius, “el más jovén”, hace referencia a Licio Julio Brutus, uno de los fundadores de la república romana tras el fin de la monarquía.
  • Julio – Quintilis, “el quinto”, la forma en que Marco Antonio homenajeó a Julio César.
  • Agosto – Sextilis, “el sexto”, pasó de hacer referencia a Seres, diosa de la agricultura, a homenajear al emperador Augusto.
  • Septiembre – September, “el séptimo”.
  • Octubre – October, “el octavo”.
  • Noviembre – November, “el noveno”.
  • Diciembre – December, “el décimo”.
  • Enero – Ianuarius, ”el de la puerta”, dedicado al dios de los comienzos, Jano. Este mes comenzaban los trabajos en el campo.
  • Febrero – Februarius, “el de la purificación”, en referencia al ritual o festival de la purificación que se celebraba en Roma, de nombre februa.
  • http://www.ocesaronada.net/los-meses-y-los-dias-de-la-semana-herencia-romana/?utm_campaign=shareaholic&utm_medium=facebook&utm_source=socialnetwork

domingo, 5 de marzo de 2017

50 expresiones en latín para parecer listo 'ad infinitum'

Cualquier erudito sabe que la Antigüedad clásica era de lo más refinada -para eso los bárbaros eran los otros-, además de un filón de sabiduría. Por eso, después de nuestros glosarios de frases francesas e italianas, no se nos ocurre nada mejor que remitirnos a los orígenes con un compendio de expresiones en latín que usted podrá utilizar en cualquier ocasión. Y quedar como un patricio, que es de lo que finalmente se trata.
A posteriori: Conclusión o conocimiento obtenido como consecuencia de la experiencia. “El cartel anunciaba que las fieras iban a devorar cientos de cristianos, pero a posteriori la función resultó un aburrimiento”.

Ad aeternam:
 Para toda la eternidad. “Pusiste demasiado ajo en el guiso. Voy a estar recordando esta cena ad aeternam”.A priori:
 Conocimiento o creencia previa, que no se basa en una experiencia real. Sin ponernos a citar a Kant, podemos también llamarlo prejuicio. “No lo juzgues a priori. Parece muy insolente, pero en realidad solo necesita cariño“.
Ad hoc: Algo realizado para la ocasión. “Me encanta el mosaico del suelo de tu casa” “Muchas gracias: me lo diseñaron ad hoc”.
Ad infinitum: Hasta el infinito. “¿Qué tal tu cita?” “Horrible. Repitió ad infinitum lo triste que estaba por su última ruptura”.
Ad nauseam: Ad infinitum y más allá.
Alea iacta est: “El dado está echado”, “la suerte está echada”. Se atribuye a Julio César cuando cruzó el río Rubicón, sin posibilidad de vuelta atrás, en la campaña de las Galias. “Dijo alea iacta est y se inyectó colágeno en los labios; jamás volverá a ser la misma”.
Alma mater: “Madre nutricia”. Se suele utilizar para referirse al impulsor de un proyecto o institución. “Steve Jobs fue el alma mater de Apple”.
Alter ego: “Otro yo”. Desdoblamiento –por lo general voluntario- de la propia personalidad. “Ziggy Stardust era el alter ego de David Bowie”.
Amor vincit omnia: “El amor todo lo vence”. Lo escribió en su día el poeta romano Virgilio. El género de la telenovela latinoamericana lo retomó mucho después como argumento único.
Carpe diem: “Aprovecha el día/momento”. Apareció en una de las Odas de Horacio, y después se ha utilizado hasta la saciedad (ver ad nauseam). Cuando alguien lo hace en las redes sociales y sin tono irónico, ya tenemos motivo suficiente para dejar de seguirle ad aeternam.
Carthago delenda est: “Cartago debe ser destruida”. El político y militar Catón el Viejo no dejaba de decirlo en el siglo II a.C., así que ha pasado a la historia como ejemplo de idea obsesiva expresada una y otra vez. Un poco como Kristen Stewart para Donald Trump.
Casus belli: Motivo para la guerra. “¿Recuerdas cuando Julia y Agripina eran amigas? El casus belli fue que las dos quisieron sentarse en el mismo palco del circo”.
Cæteris paribus: Manteniéndose igual el resto de condiciones. “Caeteris paribus, prefiero tener la villa de verano en la playa que en la montaña”.
Circa: Alrededor de (una fecha determinada). “¿En qué año nació Marujita Díaz?” “Vete a saber, circa 1930”. 
Delírium tremens: Alucinaciones (“temblorosas”) debidas a la ingesta masiva de alcohol. Porque para algunos un sábado noche intenso puede traer consecuencias aún peores que una resaca durante la comida dominical con los padres de su pareja.
Deus ex machina: “Dios desde la máquina”. Término teatral. Se refiere a un recurso argumental en el que todo se acaba resolviendo como movido por una mano invisible que sigue los intereses del autor, sin verdadera consistencia interna. Es decir, como en cualquier película de Alejandro González Iñárritu.
Ecce homo: “He aquí el hombre”. Poncio Pilato lo dijo de Jesucristo junto antes del aseo de manos más famoso de la Historia. Dos milenios más tarde, la expresión se ha hecho muy popular en nuestro país debido a una original restauración artística amateur.
Ex libris: “Entre libros”. Es el sello que certifica la propiedad de un volumen. Estamos a favor de que vuelvan los ex libris, sobre todo ahora que los libros en papel que les dan sentido están a punto de desaparecer.
Ex nihilo: De la nada. “Pero si ayer me dejaste la despensa vacía. ¿Pretendes que haga la cena ex nihilo?”.
Grosso modo: Así, a bulto. “¿Cuántas veces tendré que repetírtelo para que me hagas caso?” “Grosso modo, tres millones”.
Habemus papam: Oficialmente se pronuncia tras una designación papal, pero podemos utilizarlo también cuando al fin llega algo que esperábamos con cierta impaciencia. “Buenos días, su pedido de Amazon” “¡Habemus papam!”
Idem: Lo mismo. “Cariño, te amo con toda la intensidad de la que es capaz un ser humano” “Eeeeh… idem”.
In ictu oculi: En un abrir y cerrar de ojos. Esta frase, hermosísima, sirve de título a un famoso bodegón barroco con Muerte incorporada que demuestra que cuando a los españoles nos da por el mal rollo lo abrazamos con entusiasmo.
In memoriam: En la memoria de. Se usa para recordar u homenajear a los fallecidos. “Alexis Arquette in memoriam”.
In situ: En el sitio. “Estoy deseando ir a la Galia a comer jabalí in situ”.
Ipso facto: Por este hecho. Suele pensarse que se refiere a algo que ocurre de inmediato, aunque en realidad tiene más bien un sentido de causa-efecto. “Dijo que cocinaba de maravilla, y acepté ser su novio ipso facto”.
Lapsus linguae: Un error al hablar. No confundir con cunnilingus.
Mea culpa: Por mi culpa. “Estos macarrones están horribles” “Mea culpa. Utilicé tomate de lata”.
Memento mori: “Recuerda que vas a morir”. Otra frase muy de pensamiento positivo para animarnos el día.
Modus operandi: Forma característica en que cada cual actúa, normalmente referido a malhechores. “Se cuela en todas las fiestas haciéndose el ofendido porque no le han puesto en la lista. Es su modus operandi”.
Motu proprio: Por propia iniciativa. Es una de las expresiones latinas peor utilizadas. No diga “motu propio” ni menos aún “de motu propio”. “Parece increíble, pero fue motu proprio a ver Cincuenta sombras más oscuras”.
Nolens volens: Lo quieras o no, por la fuerza. “Esta noche vienes a cenar con mis padres, nolens volens. Y no hay más que hablar”.
Opera prima: El título de la primera (y quizá mejor) película de Fernando Trueba, denomina cualquier primera obra en general.
Per capita: Por cada cabeza. “Bien, si pagamos los vinos a escote salen a quince sestercios per capita”.
Per se: Por sí mismo. “No es muy guapo per se, pero lleva unas togas preciosas y sabe sacarse partido”.
Post data / post scriptum: Después de la fecha / lo escrito. Algo que se desea añadir a un texto cuando ya se ha dado por concluido.
Post mortem: Después de la muerte. Todo lo que la gente hace en este estado es argumento para películas de fantasmas o zombis.
Quid pro quo: “Una cosa por/en lugar de la otra”. Todos la asociamos con Hannibal Lecter, por supuesto, pero la expresión existía mucho antes que él. Además, Lecter no la utilizaba de manera totalmente correcta, ya que para el uso que él le daba sería mejor do ut des. Nos encanta enmendarle la plana a ese señor caníbal tan redicho.
Quorum: Proporción de asistentes necesaria que un cuerpo colegiado pueda celebrar una reunión o tomar decisiones. “No hubo quorum, así que se canceló la reunión de mi comunidad de vecinos. Nunca había sentido tanto alivio”.
Rigor mortis: Rigidez de la muerte. Usted puede acusar a algún vivo de sufrirlo, si esa persona le parece muy estirada.
Si vis pacem, para bellum: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Frase atribuida –parece que erróneamente– a Julio César. La típica máxima belicista que sin duda ya habríamos oído de boca de Trump si él tuviera rudimentos de latín.
Sic transit gloria mundi: “Así pasa la gloria del mundo”, porque todo éxito es efímero y acaba in ictu oculi.
Statu quo: No confundir con una antigua banda británica de rock. Se refiere al estado actual de las cosas, la situación existente. “¿Irnos a vivir juntos? Los cambios me estresan mucho, así que mejor mantengamos el statu quo”.
Sui generis: “De su propio género”, en el sentido de particular o inusual. “Es un argentino sui generis. Detesta el mate, y además es muy modesto”.
Tabula rasa: (Hacer) tabla rasa, borrón y cuenta nueva. Me has ofendido mucho llegando cinco minutos tarde a la cita, pero haremos tabula rasa si tú invitas a la cena”.
Tempus fugit: “El tiempo huye”. ¡Cómo pasa el tiempo! Pues in ictu oculi, claro.
Veni, vidi, vici: "Vine, vi, vencí". Otra frase de Julio César, que desde luego estuvo siempre sembrado. Al parecer esto se lo comentó al Senado después de una de sus muchas victorias militares. “¿Conseguiste ligar en ese barecito de Malasaña?” “Veni, vidi, vici”.
Viceversa: Al revés. Ya saben: Mujeres y hombres, etc.
Vox populi: Voz del pueblo. Algo que es de todos conocido. El proverbio latino completo y original de donde procede la expresión es Vox populi, vox Dei (“La voz del pueblo es la voz de Dios”). “¿No sabías que el senador Cayo usa peluquín? Pero si es vox populi”.

jueves, 9 de febrero de 2017

El latín, ¿lengua oficial de la UE?


Una de las escenas más pintorescas de Il sorpasso (Dino Risi, 1962) concierne al pasaje en que unos sacerdotes alemanes detienen el Alfa Romeo descapotable donde viajan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Se les ha averiado su coche, han pinchado, necesitan un gato, pero no saben cómo explicárselo a sus interlocutores. Y es entonces cuando uno de los curas decide hacerlo en latín: “Elevator nobis necesse est”.
Trintignant, que es francés, explica la problemática a Gassman, que es italiano, pero no puede satisfacer la emergencia de los religiosos. Y les responde inequívocamente: “Non habemus gato, desolatus”.
La escena es ilustrativa de la raigambre del latín en la cultura occidental. De su vigencia como argumento de comunicación. Y hasta de su valor identitario en el acervo de continente, más aún ahora que las presiones de Trump y de Putin han estimulado una suerte de reacción y de orgullo.
El inglés predomina sobre las demás lenguas y es la más extendida en los planes escolares. El problema es que identifica también un sabotaje, el sabotaje del Brexit. Y que podría subvertirse, hasta el extremo de convertir el latín en el idioma hegemónico de la Unión Europea. Tolerando incluso expresiones tan macarrónicas como el “desolatus” de Gassman.
La idea, la provocación, proviene de un profesor italiano, Nicola Gardini, y de la popularidad —de la fiebre— que ha adquirido en su propio país un ensayo, un libro, concebido, en realidad, sin las menores ambiciones comerciales.
Las ha conseguido como si la sociedad estuviera reclamando un ejercicio retrospectivo de autoestima hacia una lengua que está demasiado viva para considerarla muerta. La LOMCE española (2013), por ejemplo, la ha rehabilitado como asignatura troncal del bachillerato, pero el latín también representa un vehículo de comunicación extraordinario en el ámbito del derecho, la medicina, la filosofía, la liturgia religiosa, el ejército, la ingeniería, la arquitectura y el lenguaje cotidiano.
Decimos motu proprio, quid pro quo, de facto, ergo, ex profeso o in extremis,quizá no demasiado conscientes de que estamos evocando un hito fundacional de la cultura europea cuyo aliento todavía relaciona sobre el asfalto a un cura alemán con un latin lover italiano.
Es el contexto en el que ha resultado providencial la publicación de Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile. Ocho ediciones lleva la iniciativa de la editorial Garzanti, y el título no requiere de traducción al español, precisamente por la raíz común del idioma. Y porque España fue uno de los territorios más fértiles de la romanización, y también más dotados en la exportación de talentos al imperio. No ya por las figuras de Adriano o Trajano en la nómina de los emperadores, sino por la envergadura de filósofos y escritores que contribuyeron a enriquecer el latín.
Nicola Gardini destaca a Séneca. Y se congratula de la felicidad que nos ha proporcionado el maestro estoico. Tanto en la forma cristalina de su literatura como en los matices conceptuales. Vivir el presente —aunque el carpe diem es de Horacio—, eludir la superstición de la esperanza, disfrutar lo que tenemos mucho más que frustrarnos por aquello que nos falta.
“El latín de Séneca”, escribe Gardini, “es el reflejo directo de su lucidez y de su propensión a la síntesis, va derecho al meollo de las cuestiones, sin complicaciones, sin alzar la voz. Un latín espontáneo. Un latín de quien medita y de quien transforma las ideas en reglas de vida”.
Es el antagonismo perfecto a la retórica ampulosa de Cicerón, aunque Gardini no se la reprocha. Todo lo contrario, le atribuye un valor muy superior al artificio lingüístico. Sostiene que Cicerón dice las cosas adecuadas de la manera adecuada. Y que su oratoria es una ciencia de las emociones, pero también el medio desde el que se desglosa un sistema de valores. “Hablar bien es una filosofía. Escribir bien es una manera de hacer el bien. Y Cicerón lo ha demostrado, exponiendo su propia elocuencia al servicio de una sociedad amenazada por la tiranía. Fue el enemigo jurado de cualquier despotismo y fue un heroico portavoz del Senado. Su arma fue una palabra: libertas” (libertad, si es que la traducción hace falta).
Regresar al latín, a juicio de Gardini, no sería una regresión ni una extravagancia anacrónica, sino un recurso de Europa para reconocerse en su identidad y en el idioma que la ha estructurado en su idiosincrasia civilizadora. Escribir y hablar en latín nos haría buenos, como Cicerón. Y obscenos, como Catulo. Y conmovedores, como Virgilio. Y profundos, como Lucrecio, aunque este monumento de la lengua latina nunca se hubiera engendrado sin la evangelización de Catón (234-149 antes de Cristo) y de Plauto (250-184 antes de Cristo). Sujetaron ellos las columnas del idioma, predispusieron el primer hálito de un prodigio que ha sobrevivido mucho más allá de su tiempo y de su espacio. Lo demuestran las misas pontificias y las patadas que le damos al diccionario latino (de motu propio, a grosso modo, el quiz de la cuestión…), tanto como lo hacen la adhesión al idioma en que llegaron a significarse por los siglos de los siglos Patriarca, Milton, Ariosto, Tomás Moro, pero también Rilke, Montale, Beckett, Joyce o Jorge Luis Borges.
“No sin cierta vanagloria, había comenzado en aquel tiempo el estudio metódico del latín”, escribió el sabio argentino. Evoca la frase Gardini al inicio de su ensayo. O habría que decir en el incipit, pues cualquier libro está lleno de expresiones y abreviaciones latinas (circa, sic, op. cit.), como los garbanzos que el profesor italiano nos ha puesto por delante para seguir el camino hacia “la plenitud cultural” y la resistencia ciceroniana.
“Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas”. Y para entenderse con un cura alemán que está tirado con el coche en la carretera. Y decirle: “Desolatus”.